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Aprendí a soplar cristal hace 19 años. El Aprendizaje vino de la mano de otro soplador; Alex Añó al que estoy eternamente agradecido. Y también de maestros como Toni Villena y Salvador Marce; de quienes he recibido también consejos y apoyo para ir creciendo en conocimiento y técnica.
La motivación original era la de crear perfumeros donde envasar los perfumes que hacía junto a mi pareja. Pero este arte me hechizó hasta dedicarme absolutamente a él. A formarme en otras técnicas hasta tocar la escultura en vidrio a partir de varilla y ara, el casting de pate de verre con moldes a la cera perdida. Que me acerca a hacer mi propia fórmula del cristal para las piezas.
No se puede explicar la sensación de trabajar con esta materia….
Es una meditación abandonándose al tiempo.
Un trabajo con los elementos; el fuego y mi aliento al soplar, el vidrio que es arena y fundir; se convierte en agua. El tipo de vidrio marca el tiempo, que se detiene viendo cómo se cuece, y la respiración se contiene en cada ajuste, o se expande a cada estirada. Te hace ser dinámico o te hace contenerte .... Siempre te pide una precisión y es implacable si no estás de buenas.
Y al final del producto, te invade la emoción de su delicadeza, sobre la que adquieres un compromiso de cuidarla, pues fácilmente puedes perderlo todo si se rompe.
Cada objeto ha sido un hijo. Y una superación.